Siguiendo el anterior artículo en el que hablo de mi, ahora quiero que sean otros los que figuren en este artículo de hoy.
Habiendo tenido una tienda de acuarios desde hace muchos años, hay cosas muy curiosas que se ven y son dignas de mención. Os contaré algunas anécdotas para que sepáis como aprecian algunos la afición por los acuarios y cuanta ilusión ponen en tenerlo impecable, de ahí que decidí contar todo lo que he ido aprendiendo durante años. Y si sirve para alguien, que no sepa que hacer con su acuario, puede que se anime, lo aprecie como se merece y lo atienda con mayor facilidad.
Os contaré algunas historias reales que me pasaron teniendo la tienda. No voy a nombrar a las personas como es lógico, pero si las circunstancias.
Un caso, fue el de un cliente que me vino a comprar un acuario de 120 ltrs. y tenía que instalarselo en el salón de su casa. Cual fue mi sorpresa que al ir a instalarlo me encuentro con una casa muy antigua el piso era de madera pero, estaba inclinado con unas tablas muy viejas y daba la sensación de que aquello se iba a hundir en cuanto cargase de agua el acuario.
El era joven pero se veía que era un currante con un capricho poco corriente, para la situación económica que aparentaba. Me dijo, que no se gastaba nada en otras cosas pero que tenía el capricho de tener un acuario en casa porque le gustaban los peces mucho, los había visto en otro sitio.
Yo al ver eso, pensé que tenía que hacerle alguna gracia y se me ocurrió regalarle unos peces, a lo que él lo agradeció mucho. A mí me parecía que había en esa casa otras prioridades, pero al verle con tanta ilusión por el acuario, me hizo pensar lo bonito que es tener un rincón donde relajarte. A partir de este caso, ya apreciaba mucho mas a los clientes que venían a comprar un pez, aunque fuera una carpa, para meterla en la típica bola de cristal.
Y hablando de la bola de cristal para carpas, recuerdo una tarde que estaba a punto de cerrar la tienda, de hecho ya estaba cerrada, pero vi a un señor fuera con un niño llorando porque ya estaba cerrada la tienda y pensaba llevarse una carpa con su pecera y comida. Me dio tanta pena el llanto del niño que abrí la tienda para complacerle. Le vi que puso una cara de alegría que para mi, fue un motivo de satisfacción, por haber conseguido que el niño saliese feliz con su pez.
Al cabo de unos años, aquel niño se hizo mayor y ya no le conocía, pero fue estupendo cuando me compró un acuario con todos los accesorios y cuando lo pagó, me dijo que era aquel niño al que le abrí la tienda para que se lleve una pecera con un pez hace unos años.
La verdad que me hizo mucha ilusión y llegó a ser uno de los mejores clientes que he tenido.
Otro caso curioso fue en casa de otro cliente que tenía un acuario con pocas plantas, muchos guppys y además había parido una hembra con lo que había un elevado número de peces, pero además tenía unos escalares adultos que no hacían mas que mirar a los alevines como un alimento perfecto y así lo hicieron. El problema surgió cuando llega la hija pequeña del cliente y al ver que se los estaban comiendo comenzó a llorar y antes de que me diera tiempo a coger los supervivientes con una red para meterlos en un recipiente aparte, ya que no tenían una paridera, la niña dio un manotazo al acuario para asustar a los escalares, pero lo que ocurrió fue que rompió la luna y el desastre fue monumental. A la niña tuvieron que llevarla con su abuela porque estaba desquiciada la pobre.
Se volvió a montar otro acuario claro, porque la niña no quería entrar en casa si no estaba sus peces.
Os cuento estas anécdotas para que veáis el cariño que se puede coger a los peces que conviven contigo aunque algunos no lo entiendan. Todavía ha gente que dice que "los peces dan mala suerte".
Bueno, os iré comentando más historias de clientes de acuarios, con anécdotas un tanto curiosas.
Un saludo a todos, Alberto.
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